Nacida en Chile en 1979, pero afincada por 8 años en Barcelona, desarrolla sus proyectos fotográficos como cartografías de las huellas que deja el ser humano en el mundo que le rodea.Desde practicamente el inicio de su carrera (a finales de los años noventa) Maria Luisa Murillo ha centrado sus proyectos en torno a la intimidad, la cotidianeidad y la monotonía como experiencias vividas por el ser humano. Sin embargo, mientras sus primeros trabajos expresaban estos conceptos en si, mediante la captura literal de acciones diarias en entornos domésticos, su enfoque se desplazó gradualmente hacia una representación mas bien abstracta y metafórica. Los espacios ganaron protagonismo como receptores de la historia colectiva en detrimiento de la esfera privada.Surgieron, pues, las cuidades de Murillo como una gran paradoja: espacios urbanos deshabitados y silenciosos, los cuales se plasman en una monotonía desértica como registros simbólicos y evocativos de la historia vivida. Nueva York se convierte en “Ciudad Fantasma”, una urbe sensible y mutante lejos del arquetipo ruidoso de la gran manzana. En Berlin, las estaciones del metro de la capital alemana destacan por su estilo melancólico y solitario. Sin embargo, contra lo que uno esperaría, la artista sostiene que sus paisajes no son entes “estáticos”. Son más bien cuerpos moldeados dia y noche por huellas físicas – construcciones o grafísmos – del activismo colectivo o individual. Como espejos, los espacios que habitamos “hablan por si solos”, denotando nuestra relación orgánica con ellos. La poética de lo cotidiano.

Texto por Natasha Christia
Barcelona, 2007


Born in Chile in 1979, but based in Barcelona for 8 years, she develops her photographic projects as cartographies of the traces that human beings leave in the world that surrounds them.

Since practically the beginning of her career, in the late nineties, Maria Luisa Murillo has focused her projects on intimacy, everyday routine and monotony as lived as human experiencies. However, while her firsts works express these concepts by means of a literal and apparently smplified capture of everyday actions in domestic environments, her point of focus shifted gradually towards a rather abstract and metaphorical representation. Spaces took center stage as recetors of collective history at the expense of the private sphere.

The cities of Murillo emerged then as a great paradox: uninhabited silent urban landscapes, revealed in their desert monotony as symbolic and evocative registers of lived history. New York is transformed as a sensitive and mutant “Phantom City”, far form the noisy “Big Apple” stereotype. In Berlin, the metro stations of the German capital are imbued in a melancholic and solitary spirit. However, contrary to the expectations, the artist sustains that her landscapes are not static beings. They are, rather, bodies moulded day and night by the material and graphic traces of collective and and individual activism. As if they were mirrors, the space we inhabits “speak for themselves” denoting our organic relationship with them. It is precisely this individual and social acknowledgement of the underlying dialectic between us and our environment. The poetry of daily life.

Text by Natasha Christia
Barcelone, 2007